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La última sorpresa de 2025 es Skate Story, una aventura en la que el mismísimo Diablo te entrega una tabla para hacer travesuras

Devolver Digital presenta una nueva propuesta alocada al más puro estilo de la editora que está disponible en PlayStation Plus.

A pesar de que las últimas semanas del año se suelen destinar a lanzamientos menores en el sector del videojuego, siempre hay lugar para las sorpresas. Y de sorpresas hay una editora que tiene una historia de lo más particular. Desde Devolver Digital son expertos en lanzar grandes joyas de lo más irreverentes y que intentan escapar de todos los automatismos marcados hasta la fecha en los diferentes géneros que exploran. Para dar por finalizado un año que ha sido crucial para ellos, se han guardado un último as bajo la manga que ha sorprendido a todo el mundo que lo ha jugado.

Se trata de Skate Story, un particular título en el que el jugador se pone en la piel de un demonio de cristal que recibe un regalo del Diablo para hacer sus travesuras: una tabla de skate con la que deslizarse por multitud de entornos con un objetivo de lo más interesante. Desde luego, como premisa ya ofrece una propuesta de lo más llamativa, pero donde se convierte en una de las grandes sorpresas del final del calendario es con su jugabilidad, tratándose de un título de lo más divertido y diferente a prácticamente todo lo que se había visto hasta la fecha.

Además, su llegada al catálogo de PlayStation Plus Extra y Premium también es una puerta de entrada para un mayor número de usuarios que quieran descubrir esta propuesta. Un binomio entre la editora y la compañía japonesa que ya ha dado varias alegrías a los jugadores de PS5 y PS4.

Una apuesta diferente por el skate en los videojuegos

Skate Story no es un juego de skate al uso, ni pretende competir con la simulación hardcore de un Skate o la arcade de Tony Hawk. Su enfoque es completamente diferente, pues se basa en un sistema de control que prioriza la inmersión y el flujo sobre la complejidad de los comandos. En lugar de ejecutar combinaciones complejas de botones para cada truco, el juego utiliza una mecánica de inputs muy minimalista que se centra en el timing y el movimiento del stick analógico, emulando la sensación de peso y equilibrio que se requiere en el patinaje real.

La base de la jugabilidad reside en la sensación de deslizarse por los niveles. El demonio de cristal se mueve con una elegancia frágil, y cada “ollie, grind o flip” se siente orgánico y satisfactorio. La clave está en que el juego te obliga a entender el terreno y el impulso, no solo a memorizar trucos. Los escenarios están diseñados como complejos rompecabezas de pendientes, barandillas y saltos donde la línea perfecta es tanto una cuestión de habilidad como de observación. El impulso y el movimiento de balanceo en pendientes son vitales para mantener la velocidad y el momentum, y se ejecutan con una simplicidad que rápidamente se vuelve instintiva.

El objetivo principal del juego va más allá de acumular puntos. A medida que el demonio de cristal avanza, realiza tareas encargadas por el Diablo, que a menudo implican alcanzar lugares inaccesibles, exorcizar espíritus o realizar rituales mediante combos específicos. El éxito no se mide solo en la puntuación, sino en la consistencia del flujo y la habilidad del jugador. Fallar un truco o caer se castiga de forma dramática, rompiendo el cristal del demonio y obligando a un reinicio que subraya la naturaleza precaria de tu existencia en este inframundo. Esta combinación de jugabilidad minimalista pero exigente, junto con sus objetivos narrativos, lo convierte en un título sorprendentemente adictivo y difícil de soltar.

Una narrativa silenciosa a través de un diseño artístico memorable

Si la jugabilidad es un elemento sorprendente, el apartado visual y sonoro de Skate Story es lo que lo sella como una obra de Devolver Digital. El estilo es minimalista y criptográfico. El protagonista es una figura humanoide compuesta enteramente de cristal translúcido y oscuro, cuyas grietas se iluminan con cada impacto o truco que se realiza. Los entornos, aunque a menudo desolados y oníricos, están bañados en paletas de colores neón y sombras densas, creando una atmósfera de otro mundo que es hipnótica. A su vez, el cristal del demonio se rompe de forma visible al recibir daño, actuando como un indicador de vida muy elegante y perturbador.

Por su parte, la ambientación es una mezcla magistral de lo urbano y lo infernal. Patinar a través de puentes levadizos en el vacío, sobre pasamanos que cruzan lagos de lava y por calles que parecen haber sido diseñadas por un arquitecto cósmico es algo mágico. Esta dirección de arte, que recuerda a una mezcla entre el diseño industrial y la imaginería demoníaca, consigue que cada nivel se sienta único.

A nivel narrativo, el juego es un triunfo de la narrativa ambiental y silenciosa. Hay poco diálogo explícito. La historia de por qué el diablo te ha dado esta tabla y cuál es el verdadero propósito de tus "travesuras" se revela a través de fragmentos de texto crípticos, la simbología de los escenarios y la interacción con NPCs que parecen estar atrapados en un bucle existencial. Esta ambigüedad narrativa anima al jugador a interpretar y a sumergirse en la extraña mitología que rodea al demonio de cristal, convirtiéndolo en uno de esos videojuegos que dejan huella.

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